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El material
materialEL   MATERIAL
Sofía Cavalletti
Julio de 2004
Traducción Nora Mª Bonilla
Presentado en Reunión del Consejo Internacional en Roma 2004
La  catequesis del buen Pastor ofrece un material que creemos abarca los temas fundamentales para una catequesis de los 3 a los 12 años.  ¿Por qué ofrecer al niño un material?
1) Objetivo  del  material.  Lo que proponemos es un material de carácter montessoriano que pretende, por tanto, ser  una ayuda al niño para darle la posibilidad de detenerse, solo,  sin interferencias directas del adulto sobre todo lo que ha escuchado del catequista.
Respecto del catequista  el material no es lo que se llama un “material didáctico” entendido como una ayuda al adulto para hacer más comprensivo el mensaje que trasmite. Nosotros hablamos de un material que pretende ser una ayuda para el catequista con el fin de que ocupe su justo lugar en la catequesis. Se trata, por lo tanto, de algo de gran importancia para nuestra educación personal como catequistas.
2) Nos preguntamos ante todo: ¿qué debe hacer el catequista?
a) Trasmitir el mensaje cristiano, aquel mensaje que incluso Jesús dice que: –  ¡atención a no olvidarlo!-  “Mi doctrina no es mía sino de Aquel que me ha enviado” (Jn 7,16);  este texto está citado en Catechesi Tradendae, 6,  con este comentario: “Qué contacto asiduo con la Palabra de Dios, trasmitida por el Magisterio de la Iglesia, qué familiaridad profunda con Cristo y con el Padre, qué espíritu de oración, qué despego de sí mismo ha de tener el catequista para poder decir: “Mi doctrina no es mía”!
En cuanto al modo de presentar la Palabra, María Montessori dice a las maestras, citando a Dante Alighieri: “Tus palabras sean contadas”; si esto es necesario para cualquiera que enseñe, para un catequista, que sabe que no es un maestro, es una actitud esencial.
b) Después de haber dado el anuncio  ¿el catequista tiene todavía algo que hacer?  ¿Y qué cosa? El catequista en este momento  aún debe ayudar al niño para que pueda continuar la escucha del mensaje, pero de tal modo que pueda escucharlo en una “conversación interior” con el Maestro -el único verdadero Maestro- aquel que “enseña en nuestro interior”, como dice San Agustín. Es decir, en este momento la ayuda que el adulto puede dar es sólo una  ayuda indirecta. Esta es la función del material.
Si los niños trabajan concentrados, en silencio (silencio que nosotros no hemos pedido) con el material del argumento apenas presentado o con otro material presentado anteriormente, o dibujando, o están interesados en otra actividad hecha con orden e interés, el catequista se sienta y goza del privilegio de ver como se establece espontáneamente y en paz una relación directa entre Dios que habla y sus criaturas que escuchan. Para el catequista es el tiempo de la contemplación. Montessori dice que  “cada intervención superflua es dañosa”; tanto más es esto verdad en la catequesis, en la cual el  “daño” causado por la intervención superflua puede interrumpir el diálogo directo entre Dios y el niño.
El catequista observa todo el entorno e interviene sólo si es evidente que un niño no logra organizarse en su trabajo.
Los materiales que proponemos han sido experimentados durante muchos años, algunos desde hace 50 años –probados y reprobados- y con niños de ambientes sociales y culturales  muy diversos, recibiendo de los niños, según la edad, las mismas respuestas.  Los materiales que proponemos han sido elegidos entre muchos, de los cuales algunos han sido descartados; ¿descartados por qué?
Porque los niños no parecían interesados en trabajar con ellos o trabajaban con dificultad.  Los materiales descartados, examinados con un examen atento eran, de hecho, relativos a argumentos no estrictamente esenciales o repetitivos de otros materiales mejores, o quizás realizados en forma poco esencial.
3) Cómo nace un buen material?  Buen material es aquel que nos obliga a apartar la atención de nosotros mismos, suscitando un sentimiento de admiración y estupor ante él.  El argumento relativo a un buen material nos resulta siempre más rico y profundo a medida que lo observamos; no nos cansamos nunca de mirarlo. Un buen material nos induce a preguntarnos: “¿Cómo puede un material así tan pobre y simple llevarnos al conocimiento de cosas tan grandes?”
La respuesta a este interrogativo es: “Las cosas grandes son simples y no tenemos derecho a complicarlas.  Debemos tener delante de ellas el máximo respeto”.
Nunca un buen material nos induciría a decir: “Qué hermoso descubrimiento he hecho”.
Un buen material despierta en nosotros un sentimiento puro y gozoso, mucho más puro y gozoso del que podríamos probar, pensando: “Qué hermoso descubrimiento he hecho”. Un buen material puede darnos una de las más grandes alegrías de la catequesis, y ser para nosotros también un instrumento de profunda educación, porque nos muestra, inequívocamente, que su grandeza no deriva de nosotros (de nuestros descubrimientos) sino que nos es dado  por puro don.
4)  Un buen material debe responder a los siguientes requisitos:
a) debe referirse a un punto esencial  del mensaje y no nacer de intereses personales, ni de sentimientos de piedad personal válidos para la persona que los hace, pero que no se pueden imponer a los demás.
b) debe ser hecho de modo tal que corresponda estrictamente  al tema de referencia, sin agregar adornos superfluos que distraerían de la consideración del tema.
Un ejemplo: El material de la parábola del buen Pastor se remonta a los primerísimos orígenes de la catequesis y nunca se ha tenido la necesidad de cambiarlo. Muchos cientos de pequeñas manos han trabajado con él. Es extremadamente simple y pobre: la figura del buen Pastor recortada en madera terciada, cinco ovejas recortadas también en madera terciada con la cabeza baja y cinco con la cabeza levantada;  un plato redondo pintado de color verde con espacio suficiente para  el corral y para poder hacer caminar al Pastor con las ovejas. Y basta.
Una catequista ha querido confrontar nuestro material con el de otro programa de catequesis en el cual la figura de la parábola estaba “adornada” con flores y otras cosas; y ha sido evidente que con nuestro material -pobre y simple- los niños trabajaban mucho más concentrados. Los “adornos” los distraían del punto esencial de la parábola.
La parábola del buen Pastor es, como saben, uno de los vértices de la teología de San Juan, y  está presente en la tradición romana más antigua, a través de las más antiguas representaciones cristológicas y ha quedado siempre viva particularmente en la liturgia.
La parábola del buen Pastor es ciertamente un punto esencial del mensaje cristiano: es una parábola cristológica y trinitaria, en la cual la imagen del Pastor domina y junto a ella está la del Padre. Es una parábola que nos ayuda a establecer y vivir la relación con Dios, en la certeza de que El “conoce por nombre a cada una de sus ovejas” y por tanto con la certeza de ser amadas con un amor personal, tan profundo que frecuentemente los niños lo sienten como el amor que los une con la madre, con alusión a veces al seno materno. Es por tanto una parábola fundamental desde el punto de vista psicológico y desde el punto de vista teológico: decir relación es decir “alianza” y la alianza es un elemento bíblico esencial.
El material de la parábola del buen Pastor se completa -ya lo saben- con la de la presencia Eucarística del buen Pastor. ¡Era tan simple presentar la Eucaristía como el tiempo y el lugar en el cual nos encontramos de un modo especial con nuestro buen Pastor!  Era así de simple, pero nos han sido necesarios…20 años. ¡Tanto tendemos a complicar las cosas grandes! En esos veinte años no se había cesado de buscar otros materiales para encontrar un modo de presentar la Eucaristía con un material que tuviese el mismo peso doctrinal y afectivo de la parábola. Y no lo encontrábamos porque nuestros intentos nacían en nuestra cabeza y no centraban de un modo bastante objetivo la grandeza y la simplicidad de la Eucaristía. Eran malos materiales y los niños los dejaban pasar.
También este material es simplísimo: sólo los pequeños modelos de la patena y del cáliz sobre una mesa de color madera natural, ni siquiera con pequeños candelabros, para que sólo el pan y el vino sean evidentes, junto a las palabras de Jesús en la última Cena.
La presencia Eucarística del buen Pastor es la base necesaria para el trabajo sobre la Misa que acompañará a los niños en el segundo y tercer nivel.
5) Un buen material debe responder al principio montessoriano de “aislar las dificultades”, o sea, presentar un solo punto cada vez, porque pretendiendo presentar varios puntos juntos se crearía confusión.
Otro ejemplo: Un día muy lindo fue cuando nos dimos cuenta que, entre los varios intentos hechos para continuar la presentación de la Misa, tres gestos habían aflorado en primer plano, y eran: a) el gesto de las manos que piden al Padre que mande su Espíritu para “transformar el pan y el vino”; b) luego nos hizo “ver” que el don pedido fue dado en el gesto de respuesta al don que acompaña la “doxología final” de la Oración Eucarística, a la que los fieles responden con el “gran Amen”; c) el gesto de paz, con el cual expresamos que el don compartido nos une en el único Pan fraccionado.
Cuando nos dimos cuenta se nos escapó un grito de asombro. Estos gestos expresaban los tres movimientos de la alianza: el don de lo alto con el cual Dios se dirige a sus criaturas para establecer con ellas la relación; la respuesta al don en la gratitud; y en el compartir el don que nos une. ¿Cuántos materiales habíamos descartado frente a la ausencia de respuesta de los niños? Tanto tiempo de tentativos nos permitían ahora vivir un momento bellísimo. Esta esencialidad con la cual ahora “veíamos” la Eucaristía como “sacramento de la alianza” era un don que superaba toda nuestra espera y nos llenaba de alegría. ¡Qué guía segura nos habían dado los niños!
Los tres gestos habían sido dados -y continuamos dándolos- cada uno por separado en el primer nivel, y sólo en el segundo nivel se puede comenzar a mostrar la relación entre ellos. Los niños son capaces de hacer síntesis a menudo riquísimas, aún desde el punto de vista teológico, pero nosotros no debemos hacerlo por ellos, les quitaríamos la alegría del descubrimiento. Sería uno de los casos en que la intervención no necesaria sería dañina.
Otro ejemplo: el material del bautismo. También en éste se parte del dato bíblico, que es ya familiar a los niños: “Cristo luz”. Los otros elementos no hemos tenido que buscarlos lejos; están todos en el ritual del bautismo. Lo único que tuvimos que hacer, fue no presentarlos todos juntos: la luz tomada por cada uno de nosotros del cirio pascual y la vestidura blanca; el agua y la Palabra; los óleos y los gestos.
A través de la esencialidad del ritual, se llega a dar la teología de Pablo relativa al bautismo como participación en la muerte y resurrección de Cristo  (Rm 6,4; Col. 2,12). Una teología que nunca se lograría dar a los niños a través de las palabras.
La escucha del mensaje cristiano junto a los niños  es ciertamente una óptima escuela.

Sofía Cavalletti
Julio de 2004
Traducción Nora Mª Bonilla
Presentado en Reunión del Consejo Internacional en Roma 2004

La  catequesis del buen Pastor ofrece un material que creemos abarca los temas fundamentales para una catequesis de los 3 a los 12 años.  ¿Por qué ofrecer al niño un material?

1) Objetivo  del  material.  Lo que proponemos es un material de carácter montessoriano que pretende, por tanto, ser una ayuda al niño para darle la posibilidad de detenerse, solo,  sin interferencias directas del adulto sobre todo lo que ha escuchado del catequista.

Respecto del catequista  el material no es lo que se llama un “material didáctico” entendido como una ayuda al adulto para hacer más comprensivo el mensaje que trasmite. Nosotros hablamos de un material que pretende ser una ayuda para el catequista con el fin de que ocupe su justo lugar en la catequesis. Se trata, por lo tanto, de algo de gran importancia para nuestra educación personal como catequistas.


2) Nos preguntamos ante todo: ¿qué debe hacer el catequista?
a) Trasmitir el mensaje cristiano, aquel mensaje que incluso Jesús dice que: –  ¡atención a no olvidarlo!-  “Mi doctrina no es mía sino de Aquel que me ha enviado” (Jn 7,16);  este texto está citado en Catechesi Tradendae, 6,  con este comentario: “Qué contacto asiduo con la Palabra de Dios, trasmitida por el Magisterio de la Iglesia, qué familiaridad profunda con Cristo y con el Padre, qué espíritu de oración, qué despego de sí mismo ha de tener el catequista para poder decir: “Mi doctrina no es mía”!

En cuanto al modo de presentar la Palabra, María Montessori dice a las maestras, citando a Dante Alighieri: “Tus palabras sean contadas”; si esto es necesario para cualquiera que enseñe, para un catequista, que sabe que no es un maestro, es una actitud esencial.
b) Después de haber dado el anuncio ¿el catequista tiene todavía algo que hacer?  ¿Y qué cosa? El catequista en este momento  aún debe ayudar al niño para que pueda continuar la escucha del mensaje, pero de tal modo que pueda escucharlo en una “conversación interior” con el Maestro -el único verdadero Maestro- aquel que “enseña en nuestro interior”, como dice San Agustín. Es decir, en este momento la ayuda que el adulto puede dar es sólo una  ayuda indirecta. Esta es la función del material.

Si los niños trabajan concentrados, en silencio (silencio que nosotros no hemos pedido) con el material del argumento apenas presentado o con otro material presentado anteriormente, o dibujando, o están interesados en otra actividad hecha con orden e interés, el catequista se sienta y goza del privilegio de ver como se establece espontáneamente y en paz una relación directa entre Dios que habla y sus criaturas que escuchan. Para el catequista es el tiempo de la contemplación. Montessori dice que  “cada intervención superflua es dañosa”; tanto más es esto verdad en la catequesis, en la cual el  “daño” causado por la intervención superflua puede interrumpir el diálogo directo entre Dios y el niño.

El catequista observa todo el entorno e interviene sólo si es evidente que un niño no logra organizarse en su trabajo.

Los materiales que proponemos han sido experimentados durante muchos años, algunos desde hace 50 años –probados y reprobados- y con niños de ambientes sociales y culturales  muy diversos, recibiendo de los niños, según la edad, las mismas respuestas.  Los materiales que proponemos han sido elegidos entre muchos, de los cuales algunos han sido descartados; ¿descartados por qué?

Porque los niños no parecían interesados en trabajar con ellos o trabajaban con dificultad.  Los materiales descartados, examinados con un examen atento eran, de hecho, relativos a argumentos no estrictamente esenciales o repetitivos de otros materiales mejores, o quizás realizados en forma poco esencial.

3) Cómo nace un buen material? Buen material es aquel que nos obliga a apartar la atención de nosotros mismos, suscitando un sentimiento de admiración y estupor ante él.  El argumento relativo a un buen material nos resulta siempre más rico y profundo a medida que lo observamos; no nos cansamos nunca de mirarlo. Un buen material nos induce a preguntarnos: “¿Cómo puede un material así tan pobre y simple llevarnos al conocimiento de cosas tan grandes?”

La respuesta a este interrogativo es: “Las cosas grandes son simples y no tenemos derecho a complicarlas.  Debemos tener delante de ellas el máximo respeto”.

Nunca un buen material nos induciría a decir: “Qué hermoso descubrimiento he hecho”.

Un buen material despierta en nosotros un sentimiento puro y gozoso, mucho más puro y gozoso del que podríamos probar, pensando: “Qué hermoso descubrimiento he hecho”. Un buen material puede darnos una de las más grandes alegrías de la catequesis, y ser para nosotros también un instrumento de profunda educación, porque nos muestra, inequívocamente, que su grandeza no deriva de nosotros (de nuestros descubrimientos) sino que nos es dado  por puro don.

4)  Un buen material debe responder a los siguientes requisitos:

a) debe referirse a un punto esencial  del mensaje y no nacer de intereses personales, ni de sentimientos de piedad personal válidos para la persona que los hace, pero que no se pueden imponer a los demás.

b) debe ser hecho de modo tal que
corresponda estrictamente al tema de referencia, sin agregar adornos superfluos que distraerían de la consideración del tema.

Un ejemplo: El material de la parábola del buen Pastor se remonta a los primerísimos orígenes de la catequesis y nunca se ha tenido la necesidad de cambiarlo. Muchos cientos de pequeñas manos han trabajado con él. Es extremadamente simple y pobre: la figura del buen Pastor recortada en madera terciada, cinco ovejas recortadas también en madera terciada con la cabeza baja y cinco con la cabeza levantada;  un plato redondo pintado de color verde con espacio suficiente para  el corral y para poder hacer caminar al Pastor con las ovejas. Y basta.

Una catequista ha querido confrontar nuestro material con el de otro programa de catequesis en el cual la figura de la parábola estaba “adornada” con flores y otras cosas; y ha sido evidente que con nuestro material -pobre y simple- los niños trabajaban mucho más concentrados. Los “adornos” los distraían del punto esencial de la parábola.

La parábola del buen Pastor es, como saben, uno de los vértices de la teología de San Juan, y  está presente en la tradición romana más antigua, a través de las más antiguas representaciones cristológicas y ha quedado siempre viva particularmente en la liturgia.

La parábola del buen Pastor es ciertamente un punto esencial del mensaje cristiano: es una parábola cristológica y trinitaria, en la cual la imagen del Pastor domina y junto a ella está la del Padre. Es una parábola que nos ayuda a establecer y vivir la relación con Dios, en la certeza de que El “conoce por nombre a cada una de sus ovejas” y por tanto con la certeza de ser amadas con un amor personal, tan profundo que frecuentemente los niños lo sienten como el amor que los une con la madre, con alusión a veces al seno materno. Es por tanto una parábola fundamental desde el punto de vista psicológico y desde el punto de vista teológico: decir relación es decir “alianza” y la alianza es un elemento bíblico esencial.

El material de la parábola del buen Pastor se completa -ya lo saben- con la de la presencia Eucarística del buen Pastor. ¡Era tan simple presentar la Eucaristía como el tiempo y el lugar en el cual nos encontramos de un modo especial con nuestro buen Pastor!  Era así de simple, pero nos han sido necesarios…20 años. ¡Tanto tendemos a complicar las cosas grandes! En esos veinte años no se había cesado de buscar otros materiales para encontrar un modo de presentar la Eucaristía con un material que tuviese el mismo peso doctrinal y afectivo de la parábola. Y no lo encontrábamos porque nuestros intentos nacían en nuestra cabeza y no centraban de un modo bastante objetivo la grandeza y la simplicidad de la Eucaristía. Eran malos materiales y los niños los dejaban pasar.

También este material es simplísimo: sólo los pequeños modelos de la patena y del cáliz sobre una mesa de color madera natural, ni siquiera con pequeños candelabros, para que sólo el pan y el vino sean evidentes, junto a las palabras de Jesús en la última Cena.

La presencia Eucarística del buen Pastor es la base necesaria para el trabajo sobre la Misa que acompañará a los niños en el segundo y tercer nivel.

5) Un buen material debe responder al principio montessoriano de “aislar las dificultades”, o sea, presentar un solo punto cada vez, porque pretendiendo presentar varios puntos juntos se crearía confusión.

Otro ejemplo: Un día muy lindo fue cuando nos dimos cuenta que, entre los varios intentos hechos para continuar la presentación de la Misa, tres gestos habían aflorado en primer plano, y eran: a) el gesto de las manos que piden al Padre que mande su Espíritu para “transformar el pan y el vino”; b) luego nos hizo “ver” que el don pedido fue dado en el gesto de respuesta al don que acompaña la “doxología final” de la Oración Eucarística, a la que los fieles responden con el “gran Amen”; c) el gesto de paz, con el cual expresamos que el don compartido nos une en el único Pan fraccionado.

Cuando nos dimos cuenta se nos escapó un grito de asombro. Estos gestos expresaban los tres movimientos de la alianza: el don de lo alto con el cual Dios se dirige a sus criaturas para establecer con ellas la relación; la respuesta al don en la gratitud; y en el compartir el don que nos une. ¿Cuántos materiales habíamos descartado frente a la ausencia de respuesta de los niños? Tanto tiempo de tentativos nos permitían ahora vivir un momento bellísimo. Esta esencialidad con la cual ahora “veíamos” la Eucaristía como “sacramento de la alianza” era un don que superaba toda nuestra espera y nos llenaba de alegría. ¡Qué guía segura nos habían dado los niños!

Los tres gestos habían sido dados -y continuamos dándolos- cada uno por separado en el primer nivel, y sólo en el segundo nivel se puede comenzar a mostrar la relación entre ellos. Los niños son capaces de hacer síntesis a menudo riquísimas, aún desde el punto de vista teológico, pero nosotros no debemos hacerlo por ellos, les quitaríamos la alegría del descubrimiento. Sería uno de los casos en que la intervención no necesaria sería dañina.

Otro ejemplo: el material del bautismo. También en éste se parte del dato bíblico, que es ya familiar a los niños: “Cristo luz”. Los otros elementos no hemos tenido que buscarlos lejos; están todos en el ritual del bautismo. Lo único que tuvimos que hacer, fue no presentarlos todos juntos: la luz tomada por cada uno de nosotros del cirio pascual y la vestidura blanca; el agua y la Palabra; los óleos y los gestos.

A través de la esencialidad del ritual, se llega a dar la teología de Pablo relativa al bautismo como participación en la muerte y resurrección de Cristo  (Rm 6,4; Col. 2,12). Una teología que nunca se lograría dar a los niños a través de las palabras.

La escucha del mensaje cristiano junto a los niños  es ciertamente una óptima escuela.