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Artículo del mes

La Resurrección en la historia

y la historia de la Resurrección

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Sofía Cavalletti

Canadá, 1987
Publicado en la revista Catequesis del Buen Pastor
México 2009

Vamos a ver ahora la Historia Sagrada a la luz de la Resurrección. Escrutemos (escrutar en este caso es ver ``con el corazón") la Resurrección.

La Resurrección es una experiencia, una realidad: Cristo volvió a la vida. Esta es la Resurrección con mayúscula. Pero esa experiencia aún no está en nuestra vida, la resurrección es una nueva calidad de vida.

Veamos ¿Qué representó Adán en la creación? Dios lo creó al término de su obra creadora, cuando "...vio Dios que todo estaba bien…”; dijo entonces: ahora "...hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza... "(Gn. 1, 26-27). El hombre representa pues, en la creación, una nueva calidad de vida. Antes del hombre hubo vida vegetal y después animal, pero en Gn 1, 27, encontramos tres veces el verbo "crear", verbo que en la Biblia se usa sólo para Dios. Esto nos hace ver que la creación del hombre es un salto hacia una nueva calidad de vida.

Cuando Cristo resucita, se inaugura una nueva calidad de vida; hay entonces ya una completa novedad en la vida: la muerte está ya detrás de Cristo y no frente a Él; Cristo, después de su Resurrección, puede hablar de la muerte como algo real, pero que es ya de su pasado, porque ya "venció la muerte para siempre", dice Pablo.

Gallot, teólogo francés dice: “Después de la Resurrección de Cristo, hubo un nuevo modo de ser hombre en el cual su vida no tiene nada que ver con la muerte”

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El tesoro y el vaso de barro
Sofía Cavalletti
17 marzo 1997
Traducción del italiano: Nora Mª. Bonilla

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Se lee en el testamento de Francisco, escrito un poco antes de morir: “Y yo trabajaba con mis manos y quiero trabajar, y todos los otros frailes quiero que trabajen en trabajo como conviene a la honestidad. . .”. Cada uno debe hacerlo según sus propias capacidades, porque algunos eran hermanos sastres, herreros, artesanos, etc. Y quien no tenía un oficio debía aprenderlo. El “no lo sé hacer” no es razón suficiente para no hacer; se puede aprender.

Lo que quería que hicieran los hermanos, Francisco era el primero en hacerlo él mismo. Para entender con el que lo hacía, es importante el siguiente episodio: él se había hecho muy hábil en fabricar canastos y vasijas, y en una ocasión ocurrió que había logrado hacer un canasto especialmente muy bien –y ¡él lo quemó! La satisfacción que le había dado –narra él mismo- lo había hecho distraer durante la oración y por tanto lo quiso eliminar. “Es una vergüenza –dice- dejarse distraer de fantasías y de inútiles tonterías”.

También entre los catequistas del buen Pastor hay quien copia a mano los textos, quien dibuja o modela figuras, hay quien trabaja como carpintero (a), quien hace maquetas y así sucesivamente. Todos somos artesanos –salvo algunas excepciones- artesanos improvisados, y los resultados de nuestros esfuerzos no son siempre de primera categoría. Entonces, ¿no sería mejor dirigirse a profesionales, que por supuesto, harían el trabajo más rápidamente, con mejores resultados y con frecuencia podrían también estar dispuestos a trabajar por un modesto pago o hasta lo harían gratis?

Para responder, quisiera antes que nada hacer algunas consideraciones sobre nuestro material en general, a la luz del episodio de San Francisco, citado arriba.

En general, se recomienda, que el material sea atrayente y debemos reconocer que el nuestro no siempre lo es. Pero preguntémonos que es lo que debe ser atrayente: ¿el material por sí mismo o el mensaje que transmite? 
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El Ritmo de la Catequesis


Sofía Cavalletti
Marzo 17 de 1997
Traducción: María Ludlow
Publicado en el pequeño volumen "La Catequesis del Buen Pastor como don"
1954-2004, Acoforec, Bogotá: Julio 2005


Aprendamos de los campos

En nuestro mundo todo tiende a la aceleración y nosotros estamos siempre de prisa.  Nos contagiamos de este movimiento constante, que tiene, evidentemente, muchos aspectos positivos. Bastaría pensar cuántas posibilidades ofrece para las comunicaciones y para las relaciones. Sin embargo, hay un campo que se escapa de la que parece ser una ley general: la naturaleza y su vegetación.

Si en otoño vemos los surcos de un campo arado, dentro de nosotros nos lo podemos imaginar todo cubierto de espigas, pero para tenerlo realmente frente a los ojos, tenemos que esperar que pase el invierno con su trabajo misterioso e invisible y después escrutar en el cielo las señales de la primavera y del verano. Entonces, estarán listos los campos dorados y la harina necesaria para nuestro pan.

Hasta una pequeña planta puesta en nuestra ventana nos enseña la misma lección: "¡Cómo me gustaría ver a todas mis plantas florecidas!", pero me dicen: "no es la estación. Es necesario esperar'.

El ritmo de la naturaleza no se ha acelerado, las cuatro estaciones llenan todavía todo el año.

La vegetación muestra una sabiduría que deberíamos saber reconocer también en el campo humano y especialmente en el de la educación. Cuando digo "educación" entiendo la obra que nosotros debemos desarrollar sobre otros y -de modo especial- sobre nosotros mismos.
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Palabras de Nora M. Bonilla en el Diplomado
Entrega de diplomas del Diplomado Convenio entre la Universidad Pontificia Bolivariana y Acoforec.
Bogotá, Agosto 23, 2012

Señores presbíteros........
Queridos diplomados y sus familias:
En el espíritu de la semilla de mostaza del Evangelio, sin buscar el éxito, pero sí con constancia y perseverancia, con fe en Nuestro Señor Dios, en su Hijo el Buen Pastor que nos ama y nos llama a cada uno por el nombre y con la fuerza del Espíritu prometido por Jesús, se hace real y cierta, la constatación de este nuevo logro de ACOFOREC, fruto de este convenio con la Universidad Pontificia Bolivariana:
20 diplomados en la Sicopedagogía Montessori y 18 en la catequesis del Buen Pastor, que con esfuerzo y perseverancia estudian, observan y sirven a la criatura predilecta como son los "pequeños".

Diplomadas en Montessori: son muchos los meses que han pasado para iniciarse en el estudio del gran legado que nos ha dejado la gran pedagoga María Montessori, en la observación y servicio a los pequeños y en la elaboración de los álbumes que serán la herramienta para prestar un mejor servicio a la infancia y a sus familias. Catequistas y formadoras de catequistas del Buen Pastor, son muchos meses y años que han pasado en formación en la oración, en el estudio, en la observación de los niños, en el trabajo con ellos y con sus familias y en prestar el servicio de capacitar catequistas. Son años en los que han tratado de servir como los "siervos inútiles" del Evangelio, buscando que sea el Maestro interior quien trabaje en el corazón de las personas, especialmente en los más pequeños.
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La gratuidad del don de la catequesis

Sofía Cavalletti,
Roma, Agosto 2002
Traducción de N. Mª Bonilla- 2009



“Las características” tienen una estructura que no siempre puede aparecer lógica; no entran en las rejas en las cuales los estudios recientes nos han acostumbrado.
 
Esto depende del hecho que refleja una experiencia viva, todavía en vía de desarrollo, la vivacidad de tal experiencia hace que no se dejen encerrar en estructuras preconcebidas. Este trabajo ha iniciado de tal manera que nosotras casi no nos dimos cuenta y se ha venido desarrollando día tras día, sin ningún plan estudiado en el escritorio con anterioridad.
 
El momento del “escritorio” vino después. Se ha venido realizando siguiendo lo que los niños nos han venido indicando, y nosotras le hemos seguido –guiadas sobre todo por la lámpara de la alegría que ellos muestran frente a ciertos temas– comprendiendo las razones a posteriori.
 
Primero hemos hecho las cosas y después hemos entendido las razones. 
Nos hemos encontrado frente a ciertos resultados, de los cuales no habíamos conceptualizado las premisas. La conceptualización vino después y así también el cotejo con las fuentes del
mensaje cristiano.
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